La Jornada San Luis
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Martes 4 de Diciembre del 2012

Guillermo Luévano Bustamante

ALTERMUNDI

 

El Pacto y la protesta.
Símbolos del inicio del sexenio

 

Identidad víctima de una aristocracia
estado fallido pintado de democracia
necesidad impuesta debajo de elegancia
siempre es aire es lo que antes fuera fragancia
(“Plata o Plomo” de Pato Machete)

Cambió el ritual que durante años acompañó el relevo del poder presidencial en México, que paralizaba la vida pública y hacía del primero de diciembre “el día del presidente”. Erosionado apenas el presidencialismo sobrevivió a las modificaciones incipientes del Estado Mexicano. Ahora revigorizada la figura presidencial vuelve a ser eje del sistema político. Con la facultad de modificar al gusto del depositario del Poder Ejecutivo la ceremonia sustitutiva y de generar condiciones adecuadas,  cómodas y de salvaguarda para la añeja investidura.
Mantienen firme la carcasa, pero endeble el relleno, el Presidente es, de nuevo “inalcanzable”, intocable y no debe ser perturbado. Así lo cuidan las televisoras, la prensa más oficialista. Lo acompañaron, por supuesto los hombres más ricos del país, cuidando las formas, afianzando la alianza necesaria para la tutela de sus intereses.
La ceremonia legal de relevo presidencial fue llevada a cabo a la medianoche, en esta práctica que ensaya el Congreso de la Unión, como antes con la reforma a la Ley Federal del Trabajo, al amparo de la oscuridad, como los bandidos que toman lo que no les corresponde legítimamente. Luego, unas horas después, se llevó el acto protocolario, cercado por policías, separado física y simbólicamente de la población.
El PRI experimenta también tácticas de contención y control. Por ejemplo, infiltrar provocadores entre los activistas; asegurarse que la cobertura de los actos “vandálicos” y de los destrozos sea cubierta por la prensa nacional afín a los poderes públicos; desprestigiar así las causas, por más legítimas que sean, frente a un amplio sector de la población “neutra”, la que no está implicada ni simpatiza con el gobierno ni con los activistas; justificar luego la represión, ahí si indiscriminada, contra los manifestantes; y en todo caso, la respuesta del Estado, desmedida,
Y no es sólo el PRI, ni su alianza con el PAN, hace ya un tiempo que esa parte del PRD tan proclive a las alianzas ha solapado también esas conductas. Concretaron sus buenas intenciones en un catálogo de propósitos de año nuevo que llamaron pomposamente “Pacto por México”.  Ese acuerdo, nada inusitado ni novedoso, procura generar una plataforma de gobierno única, con una oposición alisada, allanada a la voluntad del Ejecutivo con el que supuestamente concuerdan las tres fuerzas partidistas más grandes del país.
Acordada la plataforma, solo es cuestión de que vayan desahogando las iniciativas. Nada de malo tendría que se generaran los acuerdos necesarios para el desarrollo del país. El problema es el enfoque que origina ese acuerdo: contener el impacto de las oposiciones y las críticas -las institucionales. Y ahora con la temprana estigmatización de las manifestaciones públicas, con el pretendido descrédito de sus causas y reclamos, muy legítimos y explicables, tiene el gobierno nacional pretextos para la intervención violenta en la contención de manifestaciones sociales.
El Pacto no recoge los reclamos de las organizaciones sociales. No llamaron ni convocaron a la sociedad civil a participar en la discusión de la plataforma base del mismo. La presidencia que se obtuvo con la plata, se sostiene con el plomo.

Twitter: @guillerluevano

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